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AREA de PSICOPEDAGOGIA

Seguimiento de casos y evaluaciones

La educación personalizada atiende a las diferencias individuales de cada alumno, considerando tanto las fortalezas como las debilidades a lo largo de su desarrollo.

Es de esperar que una proporción de alumnos presente algunas dificultades que impactan en alguna dimensión de su vida personal, como el ámbito cognitivo, académico, social, familiar, afectivo-emocional, conductual, espiritual, entre otros. En ese sentido, surge la necesidad de atenderlas a través de intervenciones que propicien el equilibrio personal del alumno y la eficiencia de sus procesos de aprendizaje.

En ese marco, el acompañamiento psicopedagógico resulta complementario tanto para brindar una adecuada presunción diagnóstica e identificación de las condiciones que faciliten el cambio de conducta, como para plantear derivaciones a especialistas externos, así como sugerir algunas estrategias correctivas y orientar un trabajo coordinado entre docentes, padres de familia, especialistas externos y alumnos de los tres niveles de estudio.

Talleres Psicopedagógicos

Las habilidades sociales son una parte esencial de la actividad humana dado que determinan parcialmente el discurrir de la vida (Caballo, 2005). Múltiples investigaciones coinciden en señalar que las habilidades sociales inciden en la autoestima, en la adopción de roles, en la autorregulación del comportamiento y en el rendimiento académico, entre otros aspectos, tanto en la infancia como en la vida adulta (Gil Rodríguez, León Rubio y Jarana Expósito, 1995; Kennedy, 1992; Monjas Casares, 2002; Ovejero Bernal, 1998).

Además, las habilidades sociales son relevantes en niños y adolescentes por su influencia a otras áreas vitales tales como la escolar, la familiar, entre otras. Aquellos niños y/o adolescentes que muestran dificultades en relacionarse o en la aceptación por sus compañeros del aula, tienden a presentar problemas a largo plazo vinculados con la deserción escolar, los comportamientos violentos y las perturbaciones psicopatológicas en la vida adulta (Ison, 1997; Arias Martínez y Fuertes Zurita, 1999; Michelson, Sugai, Wood y Kazdin, 1987; Monjas Casares, González Moreno y col., 1998). Michelson y otros (1987) indican que las habilidades sociales permiten que el niño y el adolescente asimilen los papeles y las normas sociales.

El proceso de socialización se presenta como un aprendizaje de comportamientos a lo largo del ciclo vital, especialmente en la infancia y en la adolescencia. La familia y el colegio, así como el acceso a otros grupos de pertenencia son ámbitos privilegiados para el aprendizaje de habilidades sociales, siempre y cuando estos contextos puedan proporcionar experiencias positivas para adquirir comportamientos sociales, ya que se aprende de lo que se observa, de las propias acciones y de los refuerzos que se obtiene en las relaciones interpersonales.

Los problemas de relaciones interpersonales se presentan principalmente cuando hay muy poca vinculación con los pares o una evitación del contacto social con otras personas (Monjas Casares, 2000) o cuando se mantienen relaciones sociales violentas con los pares (Cerezo, 1997). Dichas formas de comportamiento están relacionadas con los estilos de interacción pasivo y agresivo, característicos del déficit de las habilidades sociales; los cuales pueden conllevar la presencia de trastornos psicopatológicos en la vida adulta. Además, pueden ser tanto una causa, efecto o concurrentes en la aparición de un trastorno psicológico (León Rubio y Medina Anzano, 1998).

Existen determinados factores de protección ante estresores ambientales que disminuyen la aparición de problemas psicosociales en la infancia y adolescencia. Los más destacados son: la competencia y el apoyo social, el empleo del tiempo libre y adecuadas estrategias de afrontamiento. De tal forma que el entrenamiento, por ejemplo a través de talleres, de una eficaz interacción con los otros permitiría a los niños y adolescentes responder de modo positivo ante situaciones de estrés, por lo que determinadas competencias como hablar con pares no conocidos, expresar emociones positivas, establecer conversaciones con pares y adultos, practicar habilidades sociales de elogio, entre otras, son factores protectores de la salud (Prieto Ursua, 2000) y de crecimiento personal.

Considerando estos aspectos, el colegio desarrolla talleres que permiten un espacio para que aquellos alumnos de primaria y secundaria que lo requieren ensayen estrategias orientadas a fortalecer la autoestima y las habilidades sociales, a través de mejorar las habilidades de comunicación tanto verbales, no verbales y emocionales.

Orientación Vocacional

Una de las tareas de los alumnos de los últimos años del colegio es identificar con mayor claridad sus aptitudes, áreas de intereses vocacionales y características personales, así como la oferta educativa que le permita configurar su plan vocacional y tomar decisiones respecto a su futuro próximo en el aspecto académico y laboral. En esta etapa confluye la preocupación propia del adolescente, las características de su edad, así como variables de la sociedad y la familia.

Por esa razón es necesario que estos alumnos obtengan una adecuada información de sí mismos, así como de su entorno académico y del mercado laboral. En ese sentido, al colegio le interesa no sólo cultivar y fomentar las habilidades potenciales, sino además ofrecer un acompañamiento de orientación vocacional que incluya el reconocimiento de sus habilidades, personalidad e intereses, así como información de su entorno educativo post escolar y socio laboral.

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