Artículos

Entrada

 Home / Artículos / Entrada

Hablando del amor y la sexualidad con nuestros hijos

La educación sexual es algo que debe darse fundamentalmente en el hogar. Compete en primer lugar a los padres. Una tarea de la que no deben desentenderse. No es cosa de sólo la madre o sólo del padre

h Informar a tiempo y con la verdad

La educación sexual es algo que debe darse fundamentalmente en el hogar. Compete en primer lugar a los padres. Una tarea de la que no deben desentenderse. No es cosa de sólo la madre o sólo del padre. 

Algunos padres piensan que no saben cómo explicarse bien y que, por lo tanto, es un tema muy delicado y que es mejor dejarlo en manos un experto. No obstante, en realidad no importa que los padres no sean grandes oradores ni grandes expertos. Lo importante realmente es que son sus padres, y son a quienes corresponde abordar estos temas y dar una respuesta oportuna y clara a las cuestiones que el hijo plantee. 

Además, se puede aprender a abordar el tema. Será fácil si el padre o madre se ha sabido ganar la amistad de su hijo. Hablándole al hijo de cosas serias, que le interesan, aumentará la confianza con él. Puede ser un paso importante en ese afianzamiento de dicha confianza.

Es posible que los padres se sientan un poco incómodos si no tienen costumbre de hablar de estos temas con naturalidad. Los niños muestran curiosidad desde pequeños por las cosas relacionadas con el origen de la vida, y hacen preguntas en ese sentido. Son los mayores quienes proyectan lo turbio de su propia sexualidad en la pregunta del niño, en la que normalmente no hay sino curiosidad sencilla, sorpresa o, máximo, una ligera picardía. 

Si los mayores no lo abordan con naturalidad, el hijo captará que en su pregunta hay algo raro, que no se le contesta de la misma manera que otras veces, e incluso que no se le contesta. Entonces la curiosidad aumenta, y como sabe que en sus padres no va a encontrar respuesta adecuada, pregunta a otros. Y va descubriendo información a través que, casi siempre, lo hacen de forma maliciosa, o ruda, causándole una impresión que será difícil borrar y que, en muchos casos, puede influir negativamente en su vida afectiva y moral. 

Hay que saber ponerse a su nivel, contestar a todas sus preguntas, y facilitarle que el niño o adolescente hable con confianza. Suelen ser muy receptivos e interesados ante estas cosas. No rechazarán una conversación orientadora al respecto. 

La táctica del silencio en estos temas es siempre desaconsejada. Es recomendable también que, como es algo tan vinculado al mundo afectivo de cada persona, se trate de modo individual. Y cuando hay que entrar en más detalle, nadie mejor que el padre para explicar todo al hijo, con palabras que entienda, y la madre a la hija. De modo personal, a la edad adecuada y con naturalidad, aprovechando las ocasiones más favorables, que son cuando el hijo hace preguntas sobre estos temas.

Si aun así, los padres tienen dudas acerca de cómo abordar el tema, pueden recibir sugerencias del preceptor o tutor del hijo, o con otra persona sensata y de buen criterio que lo conozca. Si esa persona tiene ascendiente sobre él, podrá ayudar a completar esa conversación; pero sólo completar, pues los padres no pueden desentenderse de esa responsabilidad. 

Es curioso observar con qué facilidad algunos padres olvidan los problemas sexuales de su propia infancia y ven a sus hijos como almas cándidas e inocentes, libres de todo peligro o tropiezo. Son quizá poco conscientes del desarrollo sexual de sus hijos y de cómo han cambiado las cosas en las últimas décadas. 

Se ha pasado en poco tiempo de una época en la que se daba poca o ninguna información sexual, al extremo contrario, en el que es raro encontrar un chico de diez o doce años que no haya contemplado numerosas escenas sensuales fuertes que sin duda le habrán impresionado y abierto muchos interrogantes. 

Por eso, es importante llegar a tiempo y adelantarse a las explicaciones poco recomendables que pueda recabar por otros sitios. Si el hijo no obtiene de forma natural, en casa y por boca de sus padres, lo que su curiosidad infantil le plantea, pronto lo comentará con algún compañero algo más informado, o acudirá a fuentes de aún mayor riesgo.

Es mejor buscar la ocasión oportuna, por ejemplo, cuando el hijo hace preguntas que pueden dar lugar a entrar en el tema. Es mejor cuidar de retraer al hijo debido a la parquedad de nuestras respuestas o por el aire de misterio que ponemos. 

Si no encuentra ninguna oportunidad, entonces puede crear una. Los padres no deben resultar ser los tímidos. Salga con el hijo a la calle, invítele a tomar un helado, y dígale que como ya es mayor van a hablar de cosas serias. Se le explica todo bien, y se le hace preguntas. Si se le nota un poco retraído, se le pregunta si le da vergüenza hablar de eso; lo más seguro es que diga que no. Es importante que le preguntemos, porque puede pasar que el hijo no entienda nada. Háblele con precisión, sin evadir ni faltar a la verdad. 

En caso aparezca alguna pregunta un poco comprometida o los padres no sepan bien cómo explicarse, entonces se les puede decir que se les brindará la respuesta en una conversación posterior. 

Los niños a cada edad sienten curiosidad y se plantean preguntas precisamente sobre los temas que es necesario aclararle, y no más. Si se plantea una cuestión específica, es señal de que está ya en edad de contestarle. Aunque quizá en algún caso no sea necesario excesivo rigor o profundidad en la explicación. Si son pequeños, no hace falta explicarlo todo, pero sí importa ajustarse siempre a la verdad. En ningún caso se debe mentir.

Es conveniente hablarles con adecuación a su edad, a su capacidad de asimilación y al ambiente en que vive. Debemos orientar su curiosidad y enseñarle a relacionar los hechos y a sacar consecuencias para su comportamiento. Es cuestión de graduar la profundización en las explicaciones, que aunque deben ser prudentes, han de dejarle satisfecho.

Precisamente ese amor a la verdad lleva a muchos a procurar emplear desde el principio, las palabras que se emplean en anatomía y fisiología para determinar los miembros y actos relacionados con el sexo. Al ser la información progresiva, puede ser positivo que el hijo se dé cuenta que desde el principio se le ha hablado claro. Cuando lea u oiga hablar de estas cuestiones, le alegrará comprobar que no le han ocultado nada y que ya lo sabía todo, incluso con las mismas palabras. Esto contribuye a evitar curiosidades tontas y, más bien, a resolver sus dudas con sus padres. 

Lo mejor es informarle con la verdad, a fondo, incluso con los términos más exactos que sea posible. Pero no es cuestión sólo de explicarle todo de modo aséptico, como si fuera una información técnica, haciendo las veces de una enciclopedia. Tan grave es brindarle explicaciones irreales e ingenuas, como el error opuesto, que se limita a un biologismo puramente técnico, como quien hablara de la circulación de la sangre. Es evidente que son temas que requieren un tratamiento distinto. 

No podemos reducir la formación afectiva y sexual del hijo a una instrucción sobre el comportamiento fisiológico de los órganos sexuales, como si se tratara de una simple información biológica sobre el aparato sexual masculino y femenino y de su funcionamiento, y de cómo se origina el ser humano, o cómo nace.
Hay que hacerlo, desde luego, pero quedarse en eso sería olvidarse de la trascendencia de su maduración afectiva, por la que cada hijo llegará a ser dueño de sí y aprenderá a comportarse correctamente en sus relaciones con los demás. Formar correctamente requiere de arte y tiempo, no simplemente informar. Debemos evitar, el reducir la educación a leerle un manual de instrucciones

Vender a la juventud la idea de la sexualidad desligada de la educación en el amor,  es un engaño. Por eso, hay que preocuparse de la educación sexual de los hijos, porque probablemente reciba muchas otras influencias ajenas al hogar y a la escuela. Pueden llegarle a través de la televisión, del internet, de los youtubers, de los videojuegos, de las revistas que tienes en casa o que le enseñan sus amigos, o de muchos otros sitios. Hay que proteger un poco al chico del asedio de la pornografía, porque conlleva una relación bastante directa con el comportamiento sexual. La maduración afectiva de su hijo, entonces, dependerá de que como padres lleguen a tiempo y con información verdadera que lo ayude a establecer relaciones humanas dignas y verdaderas, a la vez que comprenda con profundidad la naturaleza del amor.


REINA DEL MUNDO © 2015 - Todos los derechos reservados.