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Reciedumbre… virtud para triunfar

La reciedumbre es la virtud que lleva a abrirse paso hacia el bien, luchando enérgicamente por superar las dificultades que aparecen en el camino con voluntad, dureza, señorío y dominio del propio yo.

Reciedumbre… virtud para triunfar

La reciedumbre es la virtud que lleva a abrirse paso hacia el bien, luchando enérgicamente por superar las dificultades que aparecen en el camino con voluntad, dureza, señorío y dominio del propio yo.

Sin embargo, no se trata de una exposición necia al peligro, sino de una prudente y decidida determinación, si llega el caso, de exponer lo que sea necesario para la consecución del bien.

Son fuertes quienes hacen lo que deben, cueste lo que cueste; sin escatimar esfuerzos; los que hondamente han encontrado el fin de su vida y a él se dirigen sin vacilar; los que saben situarse por encima de una serie de circunstancias adversas que a un pusilánime le desviarían de su meta; los que no temen al calor, ni al frío, ni al hambre o la sed; los que en la batalla tienen miedo pero no lo parece; los que lloran a solas y momentos después sonríen a su mujer; aquellos que saben mucho de responsabilidad; los que no se dejan traicionar por el egoísmo o la ambición.

Cómo enseñar reciedumbre en el hogar

El hogar es un buen ambiente para educar la reciedumbre en los hijos. Estas son algunas ideas de las que pueden valerse los padres:

  • Establecer un horario para levantarse, acostarse y de estudio.
  • Repartir encargos habituales para cada hijo.
    • Distribuir entre los chicos trabajos físicos y manuales por ejemplo: regar las plantas, cortar el césped, lavar el auto.
  • En ausencia del personal de servicio doméstico, repartir el trabajo entre los hijos.
  • Tender la cama, al menos por temporadas.
  • Lustrar los zapatos.
  • No permitir celular, Internet, radio o televisión mientras estudian.
    • No permitir que los niños coman a cualquier hora, sino a las horas convenidas y que observen las normas de la urbanidad.
  • Ducha fría y diaria en estaciones cálidas.
  • Que coman todo lo que se les sirve.
  • Exigir orden en su habitación y closet.
  • Reducir propinas o algún permiso, cuando dañan algo por descuido.
  • Si quieren algo extra, que se lo ganen realizando ciertos trabajos en el hogar, o en la empresa del papá o en otro sitio.

También, se aprende con el ejemplo

Como en cualquier otra virtud que se pretenda fomentar en el niño y adolescente, es de capital importancia el ejemplo de los padres. El ejemplo ha de darse, más en concreto, en los pequeños detalles que queremos que el hijo viva. ¿Quién es capaz de conseguir que su hijo se levante diligentemente por la mañana, si su madre, en excelente estado de salud, se levanta tarde y perezosamente?. Si los padres son virtuosos, en este caso recios, los hijos lo serán también, a no ser que erróneamente se les quiera dar una vida fácil y cómoda.

Plan de vida

Es importante que los hijos se acostumbren a tener un plan de vida, es decir, un horario sensatamente confeccionado, al que se ajustarán con la mayor disciplina posible. Esto fortalecerá su voluntad, porque frecuentemente les apetecerá hacer una cosa distinta a la prevista, y al hacerla, con esfuerzo, aumentará su fortaleza.

Los padres pueden dar cauce a muchas iniciativas e inculcar en los niños múltiples aficiones que llenarán gran parte de su día: trabajos manuales, jardinería, fotografía, pintura, escultura, etc. Vemos que, en el fondo, se trata de evitar el ocio, siempre mal compañero y peor educador. Si no fomentamos en él estas cosas terminará aburrido de jugar o leer temas poco profundos o nocivos, o de perder el tiempo sin un horizonte claro.

Asimismo, el deporte es un medio magnífico para fomentar la fortaleza en los hijos. Exige esfuerzo y afán de superación. Acarrea cansancio, fatiga, pequeños accidentes a los que tampoco hay que tener un excesivo temor. El joven que hace deporte suele estar sano física y espiritualmente.

Test de reciedumbre

Con este test usted y su familia pueden evaluar el nivel de reciedumbre en que se encuentran y a su vez crear objetivos para fomentar esta virtud:

  • ¿Te levantas inmediatamente cuando te llaman o suena el despertador?
    • ¿Comes lo que te ponen sin protestar, aunque no te guste o no esté bueno lo que te agrada aquel día?
    • Si una tarea te resulta difícil o desagradable, ¿sueles afrontarlo en lugar de eludirlo cómodamente?
  • Si pasas frío o calor, ¿te sueles quejar mucho?
    • ¿Te engríes o eres el centro de la atención cuando has sufrido un pequeño accidente?
    • En un momento que estás cansado, ¿Irías con buena cara a un recado que en el que te toque caminar un buen rato?
  • Cuando estás estudiando, ¿sueles esforzarte seriamente para no distraerte?
    • Si has de subir varios pisos y está malogrado el ascensor, ¿subes las escaleras con espíritu deportivo y sin darle la menor importancia?
    • ¿Buscas intencionadamente y de modo habitual el sitio más cómodo para sentarte?
    • Ante una reprimenda o castigo merecido, ¿lo aceptas con una entereza responsable?
    • Imagina que estás durmiendo en una habitación a treinta grados. ¿Protestas si no hay ventilador?
    • Haces pequeños sacrificios cristianos, como renunciar a algunos refrescos y helados, tomar el postre que menos te agrada, etc.?
  • Si has de tomar una medicina amarga o dolorosa, ¿haces notar lo que “sufres”?
  • ¿Tienes fuerza de voluntad para estudiar las horas necesarias?

Extraído de: www.lafamilia.info
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