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Post 7: La reciedumbre

Séneca, pensador griego, decía que “ no es que nos falte valor para emprender las cosas porque sean difíciles, sino que son difíciles precisamente porque nos falta valor para emprenderlas”. No existe decisión o empeño que no suponga vencer dificultades, superar obstáculos, tener decisión, ser constante.

"Hacer de tripas corazón"
La Reciedumbre es una virtud olvidada en estos tiempos de comida rápida; al cumplimiento automático de los deseos y a la cotización al alza de las ganas y antojos. Lo primero en la vida es el temple del alma ante la adversidad, mantenerse fuerte a pesar de las dificultades. La reciedumbre es el ejercicio permanente de esa misma virtud en la vida cotidiana. La resiliencia es la versión moderna de estas virtudes ancestrales, con el componente añadido de que no es solo el hecho de mantenerse de pie, sino el asumir como positivo una experiencia dolorosa. En efecto, no hay vivencia de la que no se pueda sacar algo positivo. Tras cada caída, existe no solo la posibilidad de levantarse, sino la posibilidad de crecer aún más de lo que lo habíamos hecho antes de ese quizá fatídico momento.
¡Me duele todo!
Un ejercicio de alto valor pedagógico es el de la minimización de las propias dolencias. Saber asumirlas con humildad, paciencia y alegría. No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos. La vida es un regalo y estamos aquí de paso, con tiempo de préstamo. Por lo mismo, asumir las dolencias como parte de nuestra existencia.
 10 reglas de oro para educar a tu hijo con reciedumbre

1. Enséñale autocontrol. Enséñale a acabar lo que empieza, a postergar  la gratificación, a controlar sus impulsos. Para ello, desarrolla con él un vocabulario de sentimientos. Escribe en una pizarra todos los adjetivos que muestran enfado o tristeza: enojado, irritado, enfurecido, etc. Cuando tu hijo esté enfadado, úsalas para que pueda identificar sus sentimientos: “Parece que estás realmente furioso; hoy los deberes son más difíciles que otros días ¿verdad?”. Sentirse comprendido es el primer paso para hacer frente a los problemas.

2. Estimula su aprobación interna. Haz que tu hijo no dependa de tu aprobación sino de su propio reconocimiento. Para ello, cambia los pronombres “yo” por “tu“. No le digas: Estoy muy orgullosa porque no has caído en la provocación de tu hermano. En su lugar, dile: Debes estar muy orgulloso por no haber caído en la provocación de tu hermano. Actuando de este modo, conseguirás que se mueva por sus propios objetivos y opiniones, no por lo que piensen los demás de él.

3. Sé modelo de autocontrol para tu hijo. Si estás en una cola y alguien se cuela, si conduciendo te pitan e insultan, si se te ha borrado el trabajo del ordenador, recuerda que eres su modelo de autocontrol y coherencia. Tenlo en mente y aprovecha las circunstancias del día a día para enseñar autocontrol a tus hijos.

4. Pregúntate si compras impulsivamente, si discutes con demasiada vehemencia, si te dejas llevar por tu estado de ánimo; si te quejas cuando las cosas no salen como deberían, si te niegas a comer lo que no te gusta o si no le das importancia a la puntualidad. Son pequeños detalles que los niños registran en sus mentes y van conformando su personalidad.

5. Habla con tu hijo sobre lo que es autocontrol. Explícale que cuando “se aguantan las ganas” de insultar a un compañero que le ha ofendido o de jugar al ordenador cuando no es el momento oportuno, está teniendo autocontrol. Identifica las diferentes situaciones del día en que tu hijo supera la tentación y comunícaselo: “ Tu amigo Marcos te ha dicho en el colegio que hagas una cosa que tu no querías hacer y no la has hecho. Eso es autocontrol. Debes estar muy contento de haberlo conseguido. Acostúmbrate a utilizar la palabra “autocontrol” en tu casa para que aprendan a reconocer en ellos esta cualidad.


6. Dale responsabilidades a tu hijo, además de la de estudiar y sacar buenas notas. Reparte de manera proporcional las tareas del hogar y exige su cumplimiento con la calidad que se merecen. No bajes el tablón de exigencia solo porque tú hijo es pequeño o porque tiene mucho que estudiar. Si tiene capacidad de realizarlas, debe cumplirlas con la máxima calidad.

7. Quiérelo con detalles, con tu tiempo, con tu presencia, con tu ánimo y con tus palabras pero no evitando que consiga cosas por sí mismo, esforzándose y superándose. Dale espacio y tiempo para aprender a superar por sí mismo sus problemas. 

8. Enséñale deportividad, enséñale a jugar limpio. El deporte es una gran herramienta para fomentar el esfuerzo, la perseverancia y la superación de uno mismo.


9. Establece unas normas claras y sus consecuencias. Asegúrate que todos las conocen y trata de cumplirlas, tú el primero. Un solo consejo: sé consecuente con ellas.

10. Fomenta el sentido del humor. Evita sobredimensionar los problemas con buen humor y alegría. Un padre o una madre divertidos y alegres son tan o más dignos de crédito que aquellos padres huraños y culpabilizadores.

“A través de las dificultades llegarás a las estrellas”. Esta conocida frase de Séneca expresa de modo gráfico la experiencia humana de que, para conseguir lo mejor, hay que esforzarse, de que es preciso luchar por vencer los obstáculos y asperezas que nunca dejan de presentarse a lo largo de la vida, para poder alcanzar los bienes más altos.
P. Hugo Tagle
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