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Post 3 : El orden interior. Resultado y consecuencia del ORDEN MATERIAL

Ya hemos visto que el orden es una de las virtudes más valiosas para el equilibrio de la vida individual y para la armonía de la vida en común.

En un futuro, nuestras hijas, se convertirán en profesionales y amas de casa, esposas o mamás y haber desarrollado los hábitos que favorecen el orden, las ayudará a desenvolverse y a planificar, organizar y ejecutar mejor.

El orden  también será necesario en nuestros muchachos, porque en todas las profesiones aquel que tiene orden, es mejor evaluado que el que no la tiene. Asimismo,  el desorden incorregible constituye un verdadero lastre.

El orden es un medio que contribuye a desarrollar en nuestros hijos el dominio de sí mismos, y en cierto sentido el espíritu de sacrificio, obligándolo a luchar contra el abandono y la negligencia.

Es una verdad, comprobada por la experiencia, que el orden material hace la vida más agradable. Alivia la memoria, permitiendo encontrar sin esfuerzo las cosas en su sitio. Facilita la calma, suprimiendo esas causas de ansiedad y fatiga que produce el desorden. Hace ganar tiempo, pues permite obrar con seguridad para encontrar aquello que se necesita. Facilita el respeto al bien común y el sentido social, porque nada perjudica tanto la buena armonía y mutua ayuda como el no volver a su lugar los objetos útiles pertenecientes a la comunidad familiar. El orden asegura también la exactitud, y la exactitud es a la vez una de las formas más preciosas del orden y la cortesía.

Para despertar el amor al orden en los niños es preciso destacar cada vez que se presente la ocasión, lo agradable, beneficioso y práctico que es poder encontrar los objetos en su lugar. Debemos mostrarles las pequeñas ventajas de tener sus objetos personales bien ordenados en su armario, en su carpeta, en su caja de escritura, su cartera o sus bolsos.

Es fácil habituar a los niños a colocar sus cosas en el mismo sitio y de la misma manera, con la condición de que los padres respeten la colocación hecha por sus hijos.

Poner a los niños en guardia contra el orden que podríamos llamar ficticio; por ejemplo, la mesa bien ordenada y los cajones embarullados.

Colocar las cosas en su lugar puede ser fácil para un adulto bien formado, pero es un objetivo que como padres debemos empeñarnos en desarrollar en nuestros hijos.

Nada enseña mejor que el ejemplo : “Si los padres son ordenados, los niños también serán ordenados." (R. Cousinet)

De acuerdo a las investigaciones pedagógicas, se ha comprobado que hacia los tres años de edad hay un período sensible - lo que se conoce como períodos sensitivos- particularmente favorable para la adquisición del orden. Si se espera demasiado tiempo para crear en el niño el hábito del orden, se corre el riesgo de no conseguirlo nunca.

Hacia los nueve o diez años debe confirmarse el hábito del orden con el de la exactitud. A esta edad debe acostumbrarse al niño a organizar su trabajo y su tiempo, a prever también la sucesión de sus ocupaciones, o cadena de sucesos por un par de horas y posteriormente ir ampliando los rangos de tiempo hasta llegar a media jornada.

Todo niño, cuando regresa de clase, debería poder establecer, antes de ponerse a trabajar, su hora de previsión: escritos que deba hacer, lecciones que tiene que aprender, libros que leer, etc.; indicar para cada operación un lapso razonable que se le concede y especificar el orden de ejecución.

No se trata de mecanizar al niño, sino de ayudar a conseguir la máxima producción en las horas que dispone. Esto le proporcionará una inmensa ventaja para su vida futura, pues el éxito pertenece  a los hombres bien organizados que saben obtener mayores resultados con su tiempo.

Gastón Coutois


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