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Post 14: La alegría

Si se observa cualquier reunión, es muy típico detectar que siempre hay una personalidad más relevante que las demás, alrededor de la cual se centra la atención. La atención la suele acaparar no el más sabio, ni el más inteligente, sino la personalidad que más alegría irradia.

El rostro sinceramente alegre parece que produce un efecto imán en los jóvenes y en los niños. ¿Por qué?

La alegría genuina se caracteriza por tres rasgos: proviene del interior, ilumina, y es sencilla. En el interior del ser humano es donde se enfrenta la vida y se eligen las actitudes. Una vida llena de sentido es la que contesta cada mañana a la pregunta ¿Vale la pena el día de hoy?, con un SÍ entusiasta, porque responde pensando en alguien. El sentido de la vida se descubre cuando se ve el rostro feliz de aquel a quien se ama.

Por ello la alegría proviene del interior, de la decisión personal de donarse a alguien. Hay más alegría en dar que en recibir.

La tristeza, el negativismo y el egoísmo crean ambientes oscuros. La alegría agranda el espacio e invita a aventurarse en la esperanza. La alegría  como la luz, no hace ruido, pero en su silencio transforma la realidad.

Por último, la alegría viene siempre de la mano de la sencillez. El espíritu alegre lo es porque se conoce tal cual es, se acepta y no se compara con los demás. Su felicidad no proviene de tener más o menos, sino de una decisión de querer ser, y valorarse a sí mismo por las decisiones que puede tomar, como la de amar más y amar mejor. Quien vive desde la perspectiva del amor descubre que la vida es muy sencilla.

El anhelo por alcanzar la alegría sigue escrito en el corazón del hombre con signos indelebles, pero muchas veces se nos invita a buscarla donde el corazón no la puede encontrar: en el ambiente exterior, en la acumulación de objetos materiales, en licores, en placeres de un momento.

La alegría es posible, y está al alcance de todos, pero recordemos, la alegría genuina viene del interior, ilumina serenamente y se acompaña de la sencillez.

CONSEJOS PARA VIVIR CON ALEGRIA

Modera tus exigencias. Procura vivir sin ansiedad  y con intensidad, aprendiendo a disfrutar de las cosas pequeñas y cotidianas.

Dile adiós a quejas inútiles. Lamentarse constantemente por algo que se ha roto, por el estado del clima, por un robo, sólo te hará perder tu preciado tiempo.

Busca en tu ocupación diaria fuentes de alegría. Procura disfrutar de lo que haces, entrégate, transforma las obligaciones en oportunidades de expresión y búsqueda de motivos para estar alegre.

Descubre el lado bueno de las cosas. Buscar lo positivo que nos presenta cada acontecimiento es una determinación personal.

Contagia la alegría. Ser una persona alegre es una elección que va a expresarse en cada ámbito de tu vida y en cada parte de tu cuerpo.

Recuerda que ser alegre fortalece tu autoestima. Una vida guiada por el entusiasmo de potenciar la alegría de vivir es la clave para sentirse bien con uno mismo.

En conclusión, para desarrollar la virtud de la alegría solo hay que enfocarse en las cosas más pequeñas, estar abierto a los cambios y empezar a ver las cosas desde otra perspectiva; es decir, debe haber un cambio de actitud hacia la vida, acompañado por un cambio en el comportamiento, aunque sea pequeño, pero constante.

TIERNO, Bernabé. VALORES HUMANOS.


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