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Post 2 : Templanza

La templanza es la virtud de la moderación y dominio propio frente a las apetencias. Una cualidad que facilita optar por lo conveniente, aunque apetezca lo contrario. La templanza modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados.

Cuando las energías destinadas a satisfacer los deseos de los sentidos se desbordan, pueden volverse destructivas, y gracias a la virtud de la templanza, la persona puede reconocer cuáles son sus necesidades reales (aquellas que colaboran con su desarrollo y con su bienestar) y cuáles son las necesidades creadas a partir de los deseos inagotables que surgen por el ego y que, por lo tanto, perjudican al individuo.

  • En este sentido, la templanza dota al  ser humano de libertad, ya que impide el surgimiento de vicios o el sometimiento a los impulsos.
    Aquí algunas consideraciones:

    ¿Qué hacer cuándo lo bueno no gusta?
    Cuando lo conveniente no es gustoso, habrá que esforzarse para realizarlo, ejercitando la virtud de la fortaleza.
    ¿Y cuando apetece algo malo?
    En este caso, la respuesta es sencilla: ¡domínate! Cuando apetece algo que no es bueno, ha llegado el momento de aguantarse. Este es el terreno de la templanza.
    ¿Cómo ejercitar la templanza?
    La sobriedad en la comida y bebida.
    La moderación ante las cosas materiales.
    Se ejercita la templanza al moderar los caprichos y la comodidad, al contener la ira, la impaciencia, el afán excesivo por la diversión, etc.

¿Un resumen?
La templanza facilita elegir lo conveniente, liberando al hombre de la esclavitud a los propios gustos; favorece la victoria sobre las tentaciones; y ayuda a rezar. Además de ser una cualidad agradable humanamente y que facilita la convivencia.
ISAACS David. 
La Educación de las Virtudes Humanas. 
México

 
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