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Post 11: La Madurez

La formación de una personalidad madura, verdaderamente integrada, es un ideal por el que vale la pena luchar. La sociedad actual, que con frecuencia valora más el “tener” que el “ser”, necesita con urgencia nuevos testimonios de madurez. Sólo viviendo de acuerdo con la verdad de nuestro ser, podremos descubrir el camino que conduce a la felicidad auténtica y duradera.

Por lo general, la gente asocia la madurez con la edad (a mayor edad, mayor madurez). La edad, es cierto, tiene algo que ver con la madurez (nuestro desarrollo psicológico, intelectual, físico y espiritual mejora con el pasar del tiempo). Sin embargo, la edad no es un factor determinante. Hay octogenarios irresponsables, como hay muchachos maduros de catorce años. Basta un simple vistazo a los problemas que afligen a la sociedad en nuestros días para percatarnos  que no todos los mayores de 25 años son verdaderamente maduros.

La persona madura reconoce sus debilidades y no se precipita en sus juicios. Pondera, estudia, consulta y decide con prudencia. Actúa según sus convicciones personales y su recta conciencia. Una persona madura reconoce sus debilidades. Evita las ocasiones que pueden conducirlo al mal y busca las oportunidades para hacer el bien.

Armonía de la persona humana

La madurez humana, en su sentido pleno, consiste en la armonía de la persona. Más que una cualidad aislada, es un estado que consiste en la integración de muchas y muy diversas cualidades; es un compendio de valores más que un solo valor. Podemos comparar la madurez con una obra de arte donde los colores se combinan perfectamente.

Una generación “light”

Actualmente, vivimos en una sociedad en la que predominan cuatro  características: hedonismo, consumismo, permisivismo y relativismo lo que ha dado como resultado al “hombre light” que padece de un exceso de “cosas” y de una correspondiente carencia de valores. Busca una felicidad “a la carta”. Su pensamiento es débil e inconsistente y sus convicciones, tambaleantes.

En contraste con este tipo de hombre frágil, existe  el “hombre sólido” que se compromete, se esfuerza, es consistente, profundo y moralmente auténtico: una persona madura. Su vida tiene una dirección y sus acciones encajan perfectamente dentro del significado de toda su existencia. La madurez es solidez.

4 señales de madurez emocional

Madurar significa entender  que has aprendido a aceptar lo que viene y a fluir ante la vida y requiere de trabajo, esfuerzo y voluntad. A continuación  4 características de las personas emocionalmente maduras:

1. Mirar, sin dolor, hacia tu pasado emocional.

Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor hace que nos duela el alma. Así que, es conveniente dejar marchar lo pasado, cerrar etapas y cicatrizar nuestras heridas emocionales.

2. Saber lo que piensas y lo que sientes.

“Madurar es cuidar lo que dices, respetar lo que escuchas y meditar lo que callas“. Por eso, la madurez mental ayuda a resolver problemas cotidianos de manera eficaz.

3. Dejar de quejarse

Dejar de quejarse es la mejor manera de iniciar el cambio. Las personas emocionalmente maduras lo saben muy bien: o cambias o aceptas. Si actúas más y te quejas menos significa que estás creciendo emocionalmente.

4. No castigarse por cometer errores

Los errores son una buena manera de aprender. Es decir, fallar nos permite saber cuál es el camino que no debemos seguir y  trabajar para mejorar.

CONCLUSIÓN

La madurez emocional te permite tomar las riendas de su vida. Tener una visión propia del mundo y una gran ambición para el éxito. Al desarrollar la madurez emocional, la vida se convierte en un placer y no una tarea.

Autor: David Isaacs. La educación de las Virtudes Humanas.


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